
Uno y uno siempre no son dos.
La inseguridad habitaba en su closet cada vez que se cambiaba está la vestía. La obsesión aguardaba en la puerta de la calle, cada vez que salía la acompañaba. La incoherencia y vulgaridad estaba en su comida, cada vez que ella comía poseían su boca y de forma golosa esparcía mentiras para sazonar. El resentimiento moraba en sus zapatos, caminaba a paso de odio. Cada vez que se maquillaba en sus párpados iluminaba irrealidad por lo cual veía cosas ilusorias, sus mejillas estaban rojas de ira y sus labios brillaban con el gloss de mediocridad. No entendía que ella forjaba lo que sucedía. No había nadie mas que su sombra. Su mente ficticia la hizo perder la realidad y quedarse con todo aquello inexistente que había creado. La otra no existía y él ya se había marchado.
No importa a dónde vaya, con quien y de quien hable, la miseria está dentro de ella no en lo exterior. Lizbeth
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