22 noviembre 2012
La gente es gente hasta que no estás.
Gente, si por doquier hay, vas a la esquina y ves cruzar una, dos, cientos. Todas ajenas, sin rostro. En la avenida sobre los carros masa, de vez en cuando reconoces a una, de vez en siempre observas a todas, de todas no se hace una. En el parque acostada bajo el inmenso filamento te encierras en una cápsula, los auriculares te hablan al oído, el shuffle elige para ti un lindo detalle "We happy a few" de los Calm blue sea. Los ojos hacen su trabajo y al caer los párpados toda esa "gente" se convierte en una sola complementando todos los pequeños detalles o rasgos para dar una persona, al compás del piano danza sobre el pasto para llegar a ti, en el espacio de silencio entre la canción y uno mismo toca tu cara y vibras por dentro, la piel se pone "chinita" y en la sincronía donde los riffs empiezan abres los ojos y su rostro está al filo de los tuyos, te sientes viva. En ese momento el mundo puede dejar de girar, ya estás segura en su abrazo.
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